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La palmera de Patauá: un poderoso fruto amazónico al alcance de tus manos

La palmera de Patauá: un poderoso fruto amazónico al alcance de tus manos

Del corazón de la Selva Amazónica, con su rica biodiversidad, emerge una palmera que se destaca por su tamaño, alcanzando hasta 25 metros de altura. El follaje, orientado hacia arriba, recuerda una corona vegetal. Los racimos, llenos de un fruto morado oscuro cuando está maduro, cuelgan de la parte superior como colas de caballo.

 

La palmera del Patauá, que responde al nombre científico de Oenocarpus bataua, es una de las especies vegetales de la Amazonía. De la pulpa de sus frutos ovalados, que miden hasta 3,5 centímetros, se extrae un aceite de alta calidad, rico en ácidos grasos, similar al aceite de oliva.

 

Este aceite es conocido por las comunidades del norte de Brasil, que lo utilizan tradicionalmente en la cocina, y también en el cuidado personal, para el crecimiento y fortalecimiento del cabello.

 

Natura se adentró en este conocimiento tradicional en la Reserva Extrativista Chico Mendes, situada en Acre, y a partir de él, estableció un proyecto de investigación e innovación que culminó con la creación de la nueva línea Ekos Patauá. Sus productos utilizan toda la potencia del aceite de Patauá para traer beneficios exclusivos a los consumidores, como la capacidad de mantener el cabello por más tiempo en su fase de crecimiento, resultando en hebras más largas y firmes.

 

En el centro de esta historia, está la palmera, con sus racimos que sostienen de 500 a 4 mil frutos, cada uno pesando hasta 15 gramos. “Para viabilizar la utilización de estos frutos en la línea Ekos, desarrollamos en colaboración con los proveedores rurales una cadena productiva con Buenas Prácticas, garantizando la seguridad del trabajador, la calidad de la materia prima y la sostenibilidad del bosque” dice Carolina Domenico, investigadora de Natura que trabaja en la investigación de nuevas especies vegetales con potenciales cosméticos y en el desarrollo de cadenas productivas de la biodiversidad.

 

Se inició entonces un proceso que buscaba extraer de la mejor manera este poderoso activo de la naturaleza. Para ello, a lo largo del proyecto, Natura desarrolló una serie de innovaciones, teniendo en cuenta las características únicas de la planta.

 

Un punto destacado de la cadena de campo fue la implementación de una nueva tecnología social “la silla de recolección en altura”.

 

Tradicionalmente, los recolectores utilizan la peconha para ayudar en la subida, una herramienta basada en una cuerda atada a los pies, sin embargo, este método no es seguro y exige un gran esfuerzo físico, además de no ser eficiente en la recolección durante el período de lluvia, cuando el musgo acumulado en el tronco de la planta impide la adherencia de la peconha.

 

“Para solucionar la cuestión, compramos un modelo de la silla utilizada para la recolección de coco en Asia que fue probada y aprobada por los recolectores” dice Carolina. La silla de recolección en altura brinda mayor seguridad y menor esfuerzo físico para el recolector, y mejora la productividad, ya que permite subir en la palmera mojada.

 

Además de la silla de recolección, el proyecto de investigación, en colaboración con los recolectores, produjo el Manual de Buenas Prácticas de Manejo del Patauá, ambos fueron distribuidos en las cooperativas proveedoras compartiendo la información y tecnificando la cadena productiva.

 

Los frutos, después de ser cosechados, se mantienen en la oscuridad, ya que la luz acelera la descomposición y la desintegración del activo. Luego, van a una cámara de refrigeración. No pueden permanecer a temperatura ambiente por más de 48 horas, o todo el proceso se arruina.

 

Una vez congelado, el fruto puede mantenerse de esta manera durante muchos meses, lo que garantiza su integridad en las etapas posteriores de despalpado, prensado y transporte, hasta la llegada del aceite a la fábrica de Natura, donde será utilizado para originar los productos de la línea Ekos Patauá.

 

La historia de la investigación en torno al Patauá ilustra la riqueza de posibilidades que surgen cuando el conocimiento tradicional de nuestra biodiversidad se cruza con tecnología de punta. Los consumidores ganan, al tener acceso a los activos del bosque a través de productos que están al alcance de sus manos.