Un zapatito infantil logró promover la unión entre la investigación académica y el emprendimiento. Proyecto de la diseñadora mineira Ana Paula Lage, el zapato Noeh es el resultado de años de estudios, iniciados durante la maestría que cursó en el Instituto Europeo di Design, en Barcelona. La investigación se convirtió en un producto que ya está listo para conquistar el mercado.
El gran diferencial del zapato Noeh es simular en su interior el comportamiento dinámico de un terreno, como si el niño siempre estuviera caminando sobre una superficie más irregular, entre la arena y el césped. La tecnología, dirigida a niños de entre seis meses y dos años, permite que el bebé active toda la musculatura del pie y no solo las áreas activadas por superficies planas, proporcionando una caminata más saludable.
Muy enfocada en la investigación y la innovación, la diseñadora del producto siempre ha trabajado en diferentes frentes. Fue una de las participantes ganadoras del Hackathon Natura Campus Media Lab, realizado en 2014 en colaboración con el MIT. “En esa oportunidad, descubrí la importancia de probar lo básico, tener retroalimentación rápida y desarrollar un producto más útil para la sociedad”, recuerda Ana Paula. Una experiencia que repercutió en la creación del zapato Noeh. Mientras cursa un doctorado en Diseño, Tecnología, Ergonomía y Materiales en la Universidad Estatal de Minas Gerais, la investigadora transita hacia una nueva área, la empresarial, con los desafíos de promover el lanzamiento de un nuevo producto para el consumo.
La caminata de un adulto es diferente de la caminata de un bebé
Esta historia comienza cuando Ana Paula estaba iniciando la maestría y supo que su hermano iba a ser padre. Como ya trabajaba con calzado, tuvo la curiosidad de investigar sobre zapatitos para bebés. Descubrió un campo aún poco explorado. “Las necesidades del pie de un niño son totalmente diferentes de las necesidades del pie de un adulto”, destaca.
Según la investigadora, los humanos comenzaron a aprender a caminar con zapatos hace poco más de un siglo, pero nuestro cuerpo fue estructurado para aprender a andar descalzo, en terreno natural. “Los niños de hoy solo caminan en suelo recto, plano, lo que no permite que la totalidad del pie sea activada. Hoy, la configuración de nuestro pie está apoyada en el talón, en la punta del dedo y en el dedo gordo, pero es importante activar el resto, toda la musculatura interna del pie, de lo contrario tendremos un pie inmaduro, débil muscularmente, lo que repercutirá en nuestra estructura corporal en su conjunto”, aclara Ana.
Dado que las superficies de la ciudad, mayoritariamente de concreto, no ayudan, Ana realizó estudios sobre el comportamiento del pie, superficies y materiales para crear un terreno dinámico dentro de un zapato que puede ser llevado a cualquier lugar. Al final de la maestría, tenía un prototipo del producto, hecho de forma artesanal, pero aún necesitaba realizar pruebas con usuarios para realmente hacer su creación académica apta para la venta. Fue en este momento que se inició una colaboración fundamental con el Senai Minas Gerais.
Colaboración más allá de la academia
Para lanzar el producto al mercado era necesario posibilitar su fabricación. La confección artesanal del zapato era inviable debido a la demora y los costos involucrados. Un edital del Senai -MG le proporcionó a Ana las herramientas necesarias para llevar el proyecto a la práctica. A través de la colaboración con el Senai, la investigadora obtuvo los recursos para realizar las pruebas con los usuarios y para transformar su prototipo en un producto industrial. “El Senai desarrolló la maquinaria necesaria para que el producto fuera fabricado. Yo también había realizado pruebas de toxicidad, absorción de sudor, comportamiento de los materiales, pero necesitaba la retroalimentación del usuario. A partir del edital, pude contar con un equipo para realizar las pruebas en el laboratorio de la UFMG”, recuerda Ana Paula.
Varias sorpresas surgieron a lo largo del período de pruebas, que midió la percepción de las madres y también de los bebés. “Lo que encontramos más interesante después de la prueba fue la percepción de seguridad del niño. Al usar el zapato, gana más seguridad en la caminata, baja escaleras y corre con más desenvoltura”, destaca Ana Paula.
La investigadora destaca que sin la colaboración con el Senai sería imposible concluir el proyecto. “Sin colaboración no puedo hacer esta transición de la academia al mercado, son lugares con tiempos y procedimientos muy distintos. Necesito apoyo para entender y ajustar ese prototipo de la investigación a un producto orientado al consumo. Con más colaboraciones de este tipo tendríamos mucha más innovación”, cree Ana.
Ya con el producto probado y fabricado, Ana Paula se prepara para poner el zapato Noeh a la venta en una tienda online y decidir los próximos pasos. “Veremos cuál es la aceptación del producto para decidir qué hacer a continuación, si buscamos nuevas colaboraciones o licenciamos el producto”, concluye.