Con la evolución de las tecnologías de prototipado rápido, como las impresoras 3D, y de plataformas electrónicas, mucha gente ha encontrado las herramientas necesarias para crear y reparar sus propios objetos. En la cultura Maker, la idea es crear con las propias manos y los espacios dedicados al tema permiten mucha interacción y colaboración entre personas, lo que termina promoviendo la innovación.
Lo interesante es que mientras en las grandes empresas, muchas veces, impera el rigor, en los MakerSpaces y FabLabs, las personas suelen prototipar muy rápido, una cultura que, cuando se transfiere a una corporación, posibilita nuevos caminos para proyectos.
Y muchas corporaciones ya están experimentando. En este movimiento, las etapas tradicionales dentro del proceso de innovación - investigar, escribir el proyecto y esperar a que la idea esté cerrada para hacer el prototipo - dejan de existir. La idea es partir del prototipo, permitiendo varios ajustes a lo largo del proceso, sin necesidad de llegar al final para descubrir el resultado, lo que también garantiza un ahorro de recursos.