Para desarrollar productos que realmente promuevan el tratamiento de la piel es fundamental entender de qué necesita. Cuanto más se tiene la comprensión sobre las reacciones y transformaciones que ocurren en este tejido, mayor será la oportunidad de actuar con precisión. Fue con esta premisa que el equipo del área de Investigación en Tecnologías Cosméticas Avanzadas de Natura inició algunos proyectos audaces que involucraron herramientas de biología computacional y el desarrollo de una nueva metodología de prueba de productos en tejido 3D. Los resultados se pueden sentir en el nuevo Chronos.
El primer desafío asumido por los investigadores de Natura fue reunir una variedad de muestras de piel humana que permitieran identificar patrones de transformaciones y reacciones que se repiten. “Queríamos entender mejor qué eventos biológicos son frecuentes en cada grupo de edad. Chronos desarrolla productos para mujeres en el rango de 30, 45, 60 y 70 años, y cada una de estas pieles tiene necesidades diferentes. Queríamos identificar con más precisión cuáles son esas necesidades”, explica Daniela Zimbardi, investigadora de Natura. Pero el trabajo para reunir y evaluar toda esta diversidad de muestras podría tardar mucho tiempo. La solución vino a través de la bioinformática.
Utilizando herramientas de biología computacional, el equipo de Natura realizó una búsqueda en toda la literatura y en las bases de datos internacionales de investigación científica para reunir datos transcriptómicos de más de 850 muestras de biopsias de piel saludables que fueron utilizadas en estudios alrededor del mundo. “Reunimos los datos brutos de cada uno de esos estudios y tratamos esta información con filtros específicos, para identificar qué mecanismos moleculares de la piel podríamos asociar a cada grupo de edad, es decir, qué mecanismos comienzan a cambiar en nuestra piel y a partir de qué momento”, afirma Daniela.
Después de siete meses, el equipo ya había trazado un mapa con las reacciones y modulaciones más frecuentes en cada grupo de edad de piel. “Identificamos más precisamente el momento en que cada mecanismo biológico importante para la piel comienza a ser alterado en función del envejecimiento, por ejemplo, definimos cuándo comienzan a surgir las reacciones inflamatorias, cuándo hay eventos de estrés oxidativo, cuándo hay una reducción en proteínas importantes como elastina y colágeno, entre otras varias reacciones”, dice la investigadora.
Una nueva metodología de pruebas
Con más claridad sobre las necesidades de cada piel, la tarea ahora era desarrollar productos de tratamiento aún más mejorados, con fórmulas alineadas a los nuevos descubrimientos. “Ya sabíamos qué alteraciones moleculares de la piel necesitaban ser tratadas y ahora queríamos saber si nuestros productos estaban actuando de la mejor manera para atender a ese objetivo”, destaca Daniela.
Los investigadores ya sabían que las pruebas in vitro, muy eficientes en diversos escenarios, tenían una limitación en este caso. No permitían el análisis de la aplicación del producto final en la piel. Era posible analizar la eficacia de los componentes de la fórmula aislados, pero no del producto completo. Por otro lado, las pruebas in vivo, en voluntarios humanos, no permitían tener una visión molecular de los efectos del producto. Para resolver la cuestión, el equipo de Investigaciones Avanzadas desarrolló una nueva metodología utilizando muestras de piel remanentes de cirugías plásticas.
“La piel remanente de cirugía plástica mantiene sus funciones por aproximadamente diez días. Así, conseguimos un modelo más real, que mantenía la arquitectura 3D del tejido, y que permitió simultáneamente la aplicación del producto final y el análisis a nivel molecular de las reacciones a esas aplicaciones. Con la información, logramos mejorar fórmulas, evaluar combinaciones de activos y ser mucho más asertivos en el desarrollo del nuevo Chronos”, explica Daniela.
Los resultados de ambos esfuerzos fueron aplicados en la formulación del nuevo Chronos, permitiendo que el producto tenga efectos mucho más asertivos. “Hoy, sabemos decir exactamente cómo un activo de Chronos actúa para garantizar más elasticidad para la piel, por ejemplo. Tenemos cómo comprobar los efectos del producto y desarrollar fórmulas cada vez más alineadas con la necesidad de cada grupo de edad”, celebra Daniela.
Los descubrimientos serán útiles también para el desarrollo de otras líneas. “Siempre hemos apostado por la biología computacional, que ha respondido con agilidad a nuestras necesidades. Y también vemos la consolidación de las metodologías de prueba en tejido 3D, una tecnología muy utilizada dentro de nuestra empresa en la evaluación de nuestros activos y, ahora, también de fórmulas completas”, finaliza la investigadora.
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