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Hacer con las manos

Hacer con las manos

Hacer primero y pensar después. Esta es la lógica del movimiento Maker, que puede definirse como “hacer con las manos”, y desde hace al menos quince años se ha estado expandiendo por el mundo y siendo cada vez más incorporado por procesos de innovación de grandes empresas. 

 

“En la escuela aprendemos que primero viene la teoría y luego la práctica. El movimiento maker contradice un poco esto y considera que las personas aprenden con las manos y no solo pensando”, explica Heloísa Neves, coordinadora del FabLab del Insper, fundadora de We Fab y miembro de la junta del FabLab Brasil.

 

La experta en el tema salió de Brasil en 2012 para hacer un curso de la red FabLab. “Fue cuando tuve el primer contacto con este universo. No había nada aquí en Brasil aún”, recuerda. En 2013, cuando regresó del exterior, formó parte del inicio del movimiento en la Universidad de São Paulo. Según ella, “al principio, cuando daba una charla sobre el tema, era necesario explicar el movimiento, el concepto y todo desde el comienzo. Ahora ya no es así, la gente ya conoce un poco”.

 

A medida que el movimiento Maker se fue organizando y proliferando, también surgieron espacios dedicados a la creación. Dos de ellos son los más conocidos: los HackerSpaces, que son clubes donde las personas asisten para intercambiar conocimientos sobre electrónica y programación, y los MakerSpaces (como los FabLabs), a los que las personas van para hacer cosas. Este último se caracteriza por tener máquinas de fabricación que van más allá de la carpintería tradicional, incluyendo máquinas digitales como la impresora 3D y la cortadora láser. “Las personas utilizan estos espacios para realizar sus proyectos, ya sea por hobby o porque son emprendedores, estudiantes o recién graduados al inicio de su carrera”, cuenta Heloísa.

 

Los FabLabs son MakerSpaces creados hace once años para apoyar el movimiento Maker. En todo el mundo hay casi 800 laboratorios apoyados por el Center of Bits and Atoms del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés). Este espacio recibe un nombre específico porque se diferencia de los demás por tener algunas reglas.

 

“Para ser un FabLab necesitas seguir una carta de principios. Debe haber un kit básico de máquinas para que todos puedan colaborar y tener cómo fabricar los proyectos. Necesita tener al menos un día abierto, que llamamos open day, para que cualquiera pueda utilizar el espacio. Además, forma parte de la idea de que no existe un técnico que lo haga por nadie, todos deben poner manos a la obra”, explica Heloísa. 

 

Incluso la Alcaldía de São Paulo está invirtiendo en espacios makers. Al menos 12 laboratorios con estas características se abrirán pronto. “Esto hace que el movimiento sea más democrático porque facilita el acceso”, evalúa.

 

Según Heloísa, un maker es ante todo un autodidacta. “Es aquella persona que no depende de un título, que puede ser de cualquier área y se dedica a aprender y se convierte en un experto en eso”, explica. A pesar de que generalmente son los ingenieros y diseñadores quienes llevan esta creatividad como característica de su personalidad, cualquier profesional puede incorporar las estrategias de los makers en sus procesos productivos.