Natura se asocia con la UEBT para monitorear y evaluar a los proveedores de la Amazonía y de otras regiones de Brasil
“Un día el productor de andiroba de la Amazonía podrá decir con orgullo al interesado en comprar su producto: ¡mira, tengo el sello de biodiversidad de Natura!” Esta escena refleja la manera en que Renata Tozaki, investigadora del área de bioagricultura del Grupo de Tecnologías Sostenibles de Natura, desea ver como uno de los resultados del proyecto que desarrolló el sistema de verificación de cadenas productivas de Natura en colaboración con la UEBT (Union for Ethical Bio Trade, o Unión para el Biocomercio Ético), una organización no gubernamental con sede en los Países Bajos.
El origen de la iniciativa, según Sergio Camargo, gestor de Tecnologías Sostenibles de Natura, se remonta a 2000, cuando la compañía comenzó a utilizar de manera más sistemática las materias primas de la biodiversidad. “Queríamos que, de alguna manera, estos productos tuvieran origen certificado, con requisitos específicos de evaluación ambiental y social, lo que nos proporcionaría seguridad”, recuerda.
Hasta entonces, Natura contaba con certificaciones externas, que, sin embargo, no eran específicas para cada producto. “Por ejemplo, la certificación orgánica valora el no uso de insumos químicos, pero si quiero certificar la nuez, un activo forestal, no tenía sentido concentrarse en productos químicos, que obviamente no se usaban en este caso. Por eso, a partir de 2006, sentimos la necesidad de un nuevo modelo, dirigido a los diferentes modelos de producción vegetal”, dice Sergio. Como cofundadora de la UEBT, en 2013 Natura invitó a la entidad a diseñar un sistema de monitoreo y verificación que, posteriormente, evolucionaría hacia un modelo de certificación interna.
Se siguieron varias etapas para la definición del alcance, de los requisitos, del protocolo, de los principios y de las herramientas del sistema. Hubo muchas reuniones con diferentes áreas de Natura, con los investigadores de campo y con las comunidades de productores. “Posteriormente, hicimos dos pruebas piloto, para los ajustes, y realizamos la capacitación de los auditores internos”, explica Renata.
“Después de todo esto diseñado y probado en las cadenas piloto, desarrollamos un proceso de capacitación interna de los equipos que van a aplicar el sistema en campo”, añade Sergio. “En 2014 logramos hacer esta verificación en seis áreas y, en este año, el desafío es extenderla a 26 comunidades proveedoras.”
Fue un trabajo minucioso, de paciencia, ya que no había precedentes con las características pretendidas. Sergio espera que, hasta principios de 2016, ya sea posible obtener un informe de una parte independiente para la certificación del sistema: “No queremos apresurarnos, pues es una construcción que requiere madurez. La idea es que hasta mediados del próximo año el proceso esté finalizado”.
El coronamiento del proyecto será la creación de un sello de biodiversidad avalado por Natura y por la UEBT, reconocido internacionalmente, cuyos efectos se extenderán en una larga cadena, desde los productores de las regiones más distantes de Brasil hasta los consumidores de los productos de la marca.
Sobre todo, la certificación ratifica los compromisos socioambientales de Natura. “Mientras estamos yendo a campo para hacer estas evaluaciones, un comité interno de la empresa discute los resultados y las potenciales mejoras que podemos promover. Es un proceso muy dinámico, que no está finalizado, pero sigue un camino de evolución continua”, afirma Sergio.
Renata añade: “Entendemos que los proveedores también necesitan desarrollarse tanto en relación al método productivo como en el modelo organizacional, y este sistema colabora para eso. La certificación hará que evolucionen con nosotros”.