Innova con nosotros
Los Agentes de Limpieza

Los Agentes de Limpieza

Durante mucho tiempo, el agua fue considerada el principal agente de limpieza para el ser humano. Sin embargo, su uso exclusivo ha demostrado ser poco eficiente para eliminar ciertos tipos de residuos, como aceites o grasas. El agua sola no moja bien las superficies con las que está en contacto, debido a su alta tensión superficial. Así, se hizo necesario el desarrollo de nuevos ingredientes que, al ser añadidos al agua, disminuyan su tensión superficial y propicien una mayor interacción con las superficies a limpiar. Entre estos ingredientes, los principales son los jabones y tensioactivos, cuyo desarrollo nos ha permitido evolucionar las prácticas de limpieza e higiene personal.

 

El jabón y los detergentes

 

La detergencia es la capacidad de remover de una superficie un material no deseado (suciedad), ya sea sólido, líquido o gaseoso. Entre las sustancias con esta característica, los jabones son los que han estado en uso por más tiempo, y su principal característica estructural es poseer un extremo hidrofílico (que es atraído por el agua) y una larga cadena carbónica hidrofóbica, es decir, que no se solubiliza en el agua y es atraída por la suciedad.

 

Además de los jabones, también se utilizan como detergentes sus sustitutos sintéticos, llamados genéricamente tensioactivos. De la misma forma, estos compuestos actúan reduciendo la tensión superficial del agua, permitiendo que aceites y grasas puedan ser emulsionados y fácilmente removidos de las superficies.

 

Otros agentes de limpieza para piel y cabello – y en otras áreas

 

Las formulaciones de limpieza para el cuerpo y el cabello, como jabones y champús, en general consisten en jabones o sistemas de tensioactivos en medio acuoso. Estos productos promueven la eliminación de materiales oleosos, proteínas, hollín y particulados de la piel, cabello y cuero cabelludo, a través de la formación de agregados micelares, reduciendo la adhesión entre las “suciedades” y estas superficies.

 

Otros ejemplos de procesos de limpieza utilizados, en menor escala, para cuidados personales son los champús en polvo que, en lugar de limpiar a partir del contacto con el agua, absorben la oleosidad de los cabellos, dejándolos con apariencia de limpios. También hay productos que contienen partículas abrasivas, como la sílice, que eliminan las células muertas de la piel.

 

Considerando la limpieza en un contexto más amplio, podemos citar otros procesos, tales como: utilización de ultrasonido, solventes para lavado en seco, aplicación de productos alcalinos, como la soda cáustica, productos de acción sanitizante, como hipoclorito de sodio, utilización de microorganismos, e incluso limpieza de la piel con ayuda de peces o uso de cerámica en la limpieza de ropa. También hay procesos que no limpian, pero que alteran la superficie de los materiales impidiendo la adhesión de la suciedad, como por ejemplo los impermeabilizantes de tejidos.

 

¿Podría alguno de estos procesos aplicarse a la industria cosmética? ¿Conoces otros métodos que puedan ser utilizados en la higiene personal?

 

Lee más sobre el Desafío y envía tu idea hasta el 25 de noviembre para participar en el Desafío “Tecnologías de Limpieza para Cuidados Personales”!