El jabón es otro agente de limpieza, junto con el agua, muy importante para los rituales de cuidado personal. ¿Sabías que su descubrimiento fue por casualidad?
Existe una antigua leyenda que cuenta que la palabra “jabón” se debe al Monte Sapo, un lugar cercano a Roma donde se realizaban sacrificios de animales. Cuando llovía, una mezcla de grasa de animal derretida con cenizas de madera descendía por las laderas hasta las márgenes arcillosas del Tíber. Las mujeres que lavaban la ropa en ese lugar comenzaron a notar que esta quedaba más limpia en comparación con otros lugares del mismo río.
La verdad es que el proceso de producción del jabón no es tan diferente de lo que cuenta la leyenda. La reacción de saponificación no es más que la combinación de grasas animales y aceites vegetales con soluciones alcalinas como hidróxido de sodio o potasio, tales como las cenizas del Monte Sapo.
Los descubrimientos científicos detrás del jabón
Un importante paso para la fabricación comercial de jabón a gran escala se dio en 1791, cuando el químico francés Nicolas Leblanc patentó el proceso, que lleva su nombre, de fabricación de carbonato de sodio, un compuesto alcalino más conocido como soda, a partir de sal común.
Otro punto importante para la evolución de este producto ocurrió en 1811, cuando Michel Eugène Chevreul elucidó la composición química de las grasas, iniciando a partir de ahí los estudios sobre las reacciones químicas involucradas en la producción del jabón. Este estudio permitió la fabricación industrial del jabón, que pudo ser perfeccionada en 1861, cuando el químico belga Ernest Solvay desarrolló un proceso para la producción de carbonato de sodio utilizando amoníaco, menos contaminante y más barato que el de Leblanc.
Una nueva fase para el jabón
Todos estos descubrimientos científicos, junto con la revolución industrial del siglo XIX, hicieron posible el desarrollo de la jabonería: al lado de los jabones llamados en la época domésticos, a principios del siglo XX comienzan a aparecer jabones en escamas y productos en polvo.
La química de los productos de jabonería se mantuvo básicamente igual hasta 1916, cuando surgió en Alemania el primer detergente sintético o tensioactivo. El desarrollo de este tipo de agente de limpieza ocurrió principalmente a partir de la Segunda Guerra Mundial, y fue importante para el desarrollo de nuevos compuestos con capacidad no solo de limpieza, sino también de formación de emulsiones, espumas, entre otros efectos.
Actualmente, la gran mayoría de los productos para limpieza en general (para lavado de ropa, por ejemplo) o higiene personal (jabones, champús), utilizan jabones y tensioactivos. Varios estudios se realizan para el perfeccionamiento del rendimiento de estos mismos ingredientes, pero son muy pocas las innovaciones utilizando otros tipos de ingredientes o modificando los procesos actuales de limpieza.
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