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Desestresa el sistema inmunológico

Desestresa el sistema inmunológico

¿Quién nunca ha tenido un resfriado después de exponerse a una fuerte tormenta? ¿O se ha quedado en cama tras esa carrera para entregar una tesis, o incluso después de meses preparando ese tan esperado evento? En la actualidad, solemos decir que el culpable de todo es el estrés, o al menos es él quien asombra nuestra rutina. Pero, ¿deberíamos siempre crucificarlo de esta manera? ¿Existe estrés positivo? ¿Cuál es el impacto de este síntoma del siglo XXI en nuestro sistema inmune y nuestra red de conexiones neuronales?

El estrés es conocido por permitir la respuesta de lucha o huida, un importante mecanismo de supervivencia de los seres vivos. En nuestro organismo, la respuesta al estrés desencadena la liberación de neurotransmisores, hormonas, péptidos y citoquinas que actúan en prácticamente todas las células y tejidos a través de la circulación, informando sobre la presencia del estresor.

El estrés tiene una acción importante y directa en el sistema inmune, pudiendo incluso suprimir la respuesta inmune de una persona, aumentando su susceptibilidad a infecciones e incluso al desarrollo de un cáncer. Por otro lado, además de favorecer un cuadro de inmunosupresión, el estrés también puede contribuir a una respuesta más exacerbada de asma, alergias y enfermedades autoinmunes inflamatorias. Así, una consecuencia benéfica o maléfica desencadenada por el estrés depende del tipo de respuesta inmune que será estimulada [1].

Los estudios muestran que diversos factores son importantes para determinar el efecto protector o maléfico del estrés y de sus hormonas sobre el sistema inmune, como la duración del estímulo, la intensidad y la distribución de los leucocitos por el organismo. El estrés agudo, con duración de minutos a horas, induce una redistribución de los leucocitos hacia la piel, además de inducir la activación de la respuesta innata y adaptativa que en conjunto podrán actuar rápidamente contra una infección, por ejemplo, además de inducir una respuesta más eficiente a una vacuna. O, por otro lado, puede exacerbar una respuesta alérgica si ocurre en medio de una crisis. En cambio, el estrés crónico, aquel que puede persistir por días e incluso meses, induce una respuesta completamente diferente: altera el balance de citoquinas de un patrón Th1 (pró-inflamatorio) a un patrón Th2 (antiinflamatorio), una respuesta inmunorreguladora que puede contribuir al control de enfermedades autoinmunes, pero por otro lado puede disminuir la resistencia a infecciones y al cáncer [1].

Imagino que algunas preguntas pueden haber surgido en este punto de la lectura, como: dado que varios caminos pueden ser tomados por nuestro organismo en una situación de estrés, ¿puedo “decidir” o ayudarlo a tomar el mejor camino? ¡La respuesta es sí!

Entendiendo cómo el sistema inmune, responsable de la defensa y control diario de la homeostasis, puede ser afectado por un estrés psicológico, ahora podemos ayudarlo a reaccionar de la mejor manera posible en esta mantención del equilibrio.

Una práctica que todos sabemos que es buena para la salud es la actividad física regular. Pero quizás pocos saben que este efecto se debe a su actividad antiinflamatoria. Varios mecanismos son de gran importancia en este contexto de gran necesidad de glucógeno, como: aumento de la liberación de cortisol y adrenalina por las glándulas suprarrenales, aumento de la citoquina IL-6, que se considera tanto pro como antiinflamatoria, pero que es capaz de inducir la síntesis de factores antiinflamatorios, además de la disminución de monocitos proinflamatorios circulantes. Esto nos muestra el importante papel de la práctica de ejercicio físico que podemos incluir en nuestra rutina de vida para mantener la salud de nuestro organismo, incluso previniendo enfermedades crónicas metabólicas y cardiorrespiratorias [2].

Así, dado que las reacciones entre el sistema inmune y el sistema nervioso central están directamente integradas, para combatir este estrés, podemos invertir en algunas actividades como programas de interacciones sociales, actividad física, relajación y yoga, entre otras actividades que den sentido y valor a nuestra vida. Sin duda, impactarán en la salud de su sistema inmune y, en consecuencia, en su salud.

Por lo tanto, desestresa tu sistema inmune. Acepta, perdona, siente, aprecia, embellece, ejercítate, siéntete bien, interactúa y vive!

 

Referencias bibliográficas consultadas y sugeridas

[1] Dhabhar FS. Efectos potenciadores versus supresores del estrés sobre la función inmune: implicaciones para la inmunoprotección y la inmunopatología. Neuroimmunomodulación. 2009;16(5):300-17. doi: 10.1159/000216188. Epub 2009 Jun 29.

[2] Gleeson M, Bishop NC, Stensel DJ, Lindley MR, Mastana SS, Nimmo MA. Los efectos antiinflamatorios del ejercicio: mecanismos e implicaciones para la prevención y el tratamiento de enfermedades. Nat Rev Immunol. 2011 Aug 5;11(9):607-15. doi: 10.1038/nri3041.

McEwen BS. El cerebro bajo estrés: cómo el entorno social se introduce bajo la piel. Proc Natl Acad Sci U S A. 2012 Oct 16;109 Suppl 2:17180-5. doi: 10.1073/pnas.1121254109. Epub 2012 Oct 8.