“Había un esbozo de sonrisa en su rostro. También parecía haber decidido que el examen había terminado, y comenzó a mirar a su alrededor en busca de su sombrero. Extendió la mano y agarró la cabeza de su mujer, intentó levantarla y ponerla en su cabeza. ¡Parecía que había confundido a su mujer con un sombrero! Ella miraba como si estuviera acostumbrada a cosas así.” Este fragmento, extraído del libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks, muestra el comportamiento dramático de uno de sus pacientes, que presentaba un trastorno neurológico de percepción, e ilustra la importancia de esta facultad en el comportamiento humano.
Cuando estamos buscando un objeto, como la llave de la puerta de casa o el control remoto de la televisión, no es necesario que los veamos por completo; ver una pequeña parte, aunque el resto esté cubierto, es suficiente para reconocer lo que buscamos y orientar nuestro movimiento hasta el lugar. Esta aguda capacidad de asociar la información sensorial con la memoria y la cognición, de modo que se formen conceptos sobre el mundo y sobre nosotros mismos, y orienten nuestro comportamiento, es lo que llamamos percepción. También es a través de ella que somos capaces, por ejemplo, de reconocer una voz familiar, aunque esté ronca, susurrada o gritada; así como distinguirla en medio de una multitud de otras voces.
Los sistemas sensoriales captan las características de cada objeto, como color, tamaño, movimiento; esta es la primera etapa de la percepción; a continuación, esta información pasa por vías paralelas del sistema nervioso central, que gradualmente reconstruyen el objeto. Al final del proceso, no tomamos conciencia de esta suma de partes y propiedades, sino de los objetos como percepciones globales; es decir, los sistemas sensoriales, aliados a mecanismos de naturaleza sintética (capaces de reunir las partes y propiedades en un conjunto único que tiene sentido), conducen a la percepción. Sin embargo, en todo momento somos “bombardeados” por información sensorial de todo tipo, ya sean visuales, auditivas, táctiles u otras; ¿será que percibimos todas ellas?
Imagina que necesitas estudiar para un examen y, al sentarte frente al material de estudio, percibes claramente que los perros han comenzado a ladrar, los coches a pitar, las personas a tu alrededor a moverse. La verdad, sin embargo, es que esos ruidos probablemente ya existían antes, pero los estabas ignorando; y solo cuando tuviste que silenciarte para realizar tu actividad, te diste cuenta de su presencia, es decir, comenzaste a prestarles atención. Es precisamente a través de la atención, o percepción selectiva, que controlamos cuáles percepciones alcanzarán nuestra conciencia; de esta forma, si nos concentramos nuevamente en la tarea inicial (estudiar), volveremos a ignorar los estímulos sensoriales distractores.
Aunque no siempre es tan simple ignorar estos estímulos, la verdad es que la información sensorial a la que tenemos acceso consciente es siempre una fracción minúscula del todo (como la parte del iceberg que queda fuera del agua), pues en todo momento hacemos este filtro de forma inconsciente; y es por eso que no nos damos cuenta de que estamos respirando, o usando gafas o zapatos (a menos que estén apretados). Esta habilidad de seleccionar estímulos relevantes es esencial para nuestro equilibrio, y eventos que evolutivamente podrían estar relacionados con la preservación de la vida han adquirido el poder de captar nuestra atención. Por ejemplo, el dolor, como el provocado por un zapato apretado, es un medio de hacer que la percepción sea consciente, y como vimos en el post - La disputa por nuestra atención, ¡las emociones también son decisivas en este proceso!
Referencias bibliográficas
Lent R. A las puertas de la percepción. En: Cien mil millones de neuronas – Conceptos fundamentales de neurociencia (Lent, R). 2010; p. 612-41, Editorial Atheneu;
Sacks OW. El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. En: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Sacks, OW). 1997; p. 22-37, Compañía de Letras.
Figura: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Iceberg_at_Baffin_Bay.jpg