Los productos químicos sintéticos, como aquellos producidos a partir de derivados del petróleo, se han utilizado en cosméticos desde el siglo XIX. Permitieron estandarizar y abaratar la producción, haciendo que los productos de higiene y belleza sean más accesibles para todos. Sin embargo, las preocupaciones sobre los efectos de estas sustancias en la salud y el medio ambiente pronto salieron a la luz, y en las últimas décadas han impulsado a la industria cosmética en la búsqueda de nuevos ingredientes. El mercado demanda productos más seguros, eficaces, basados en recursos renovables, altamente biodegradables y cuyo proceso de fabricación sea más sostenible.
La vegetalización de las formulaciones ha sido una de las mayores tendencias, y aún se sigue (aunque hoy existe una mayor preocupación por las huellas hídrica y de carbono). En la mayoría de los casos, los ingredientes de origen vegetal (extractos, aceites, resinas, aceites esenciales) constituyen solo una pequeña fracción del producto final. Pero hay algunas empresas que logran sustituir el 100% de la materia prima sintética y/o de origen animal, como la estadounidense Burt’s Bees. Uno de los mayores obstáculos para la aplicación de ingredientes vegetales son las limitaciones relacionadas con el suministro y la calidad, que pueden variar sustancialmente según la época del año o el lugar de origen. Sin embargo, las ventajas son muchas. El mercado de productos naturales solo sigue creciendo, gracias a la gran aceptación y demanda por parte de los consumidores, que han pasado por cambios de comportamiento y buscan productos con un enfoque más sostenible y menos sintético. Además, los ingredientes de origen vegetal pueden considerarse recursos renovables, siempre que se obtengan a partir de una gestión adecuada.
Desafortunadamente, no es posible sustituir todos los compuestos sintéticos por ingredientes vegetales. Los surfactantes son un ejemplo. También conocidos como tensioactivos, se utilizan ampliamente en artículos de higiene y belleza (así como en productos de limpieza) ya que funcionan como emulsionantes, agentes de limpieza, formadores de espuma y solubilizantes. Los sulfatos, por ejemplo, tienen la capacidad de producir espuma. Son moléculas sintetizadas químicamente que se organizan en forma de micelas, responsables de eliminar impurezas. Sin embargo, estas micelas se solubilizan fácilmente en agua, pudiendo contaminar ríos y manantiales. Aunque existen algunas opciones de surfactantes naturales, su funcionalidad no siempre puede equipararse a la de los sintéticos. Una opción que ha sido objeto de muchas investigaciones son los llamados biosurfactantes. Producidos a partir de microorganismos, presentan baja toxicidad y son biodegradables. A pesar de los mayores costos involucrados en su producción, algunos tipos de biosurfactantes ya han comenzado a ser producidos a escala comercial por compañías japonesas (Kaneka, Toyobo, Saraya) y estadounidenses (Jeneil Biotech).
Otro gran desafío para la industria cosmética es encontrar sustitutos para los conservantes sintéticos. Hoy en día, los parabenos (ésteres del ácido benzoico) son los más aplicados, ya que son efectivos y baratos. Sin embargo, existen controversias respecto a su uso indiscriminado, que podría causar riesgos para la salud. Es difícil encontrar sustancias naturales que sean adecuadas para la inhibición del crecimiento microbiano en amplio espectro, necesaria en producciones a gran escala. Además, estas sustancias no pueden interactuar con los demás ingredientes, ni alterar la textura, el color o el olor del producto final. Actualmente, los conservantes naturales más efectivos son derivados de azúcares, ácidos grasos y aminoácidos. Un ejemplo es el Xilitol, un azúcar obtenido de plantas, cuya actividad antimicrobiana ya está descrita en la literatura. Extractos de hojas de diversas especies botánicas también han sido ampliamente estudiados. Solo para citar un ejemplo, investigadores de la UNESP evaluaron la acción antimicrobiana del extracto de Barbatimão (un árbol nativo del cerrado) y creen que podría ser utilizado incluso en la formulación de jabones antisépticos.
Estos son solo ejemplos. Se ha trabajado mucho en la búsqueda de sustitutos para varias clases de ingredientes cosméticos, como emolientes, polímeros, siliconas, ésteres y muchos otros. Pero para alcanzar la sostenibilidad, también es necesario repensar los procesos por los cuales se obtienen los ingredientes. La Química Verde es una línea de pensamiento que sigue esta dirección. Se enfoca en reducir el uso de solventes, utilizar reactivos de bajo impacto ambiental y aumentar la eficiencia de los procesos industriales. Después de todo, de poco sirve crear cosméticos seguros para la salud humana y el medio ambiente, si su proceso de fabricación genera residuos tóxicos y implica enormes gastos de energía.
Referencias
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