Nadie aprende a bailar leyendo libros o viendo fotos, es necesario ver los movimientos, percibir su encadenamiento con la música y luego imitarlos. Es necesario repetir la coreografía hasta que se vuelva natural y esté en sincronía con el sonido. Imagina, entonces, el desafío enfrentado por la fisioterapeuta y profesora de danza, Fernanda Bianchini, cuando comenzó a enseñar ballet clásico a adolescentes ciegas. Al principio, la profesora intentó enseñar las posiciones y pasos ajustando los brazos y piernas de las chicas, y así logró que las secuencias fueran reproducidas, pero los movimientos pronto perdían el alargamiento y se volvían flojos.
Fue entonces que las propias alumnas sugirieron un nuevo método de aprendizaje, pidieron a la profesora permiso para tocar su cuerpo mientras ella hacía cada uno de los movimientos. Esta técnica funcionó, y así, las chicas comenzaron a usar el tacto como los nuevos ojos del cuerpo, imitando la disposición de los músculos de Fernanda durante la danza. Hoy, la escuela atiende a alumnos de 3 a 60 años, y los profesores enseñan cada uno de los pasos a través del tacto, hasta que, después de cierto tiempo de orientación y repetición, los bailarines bailan solo con instrucciones orales.
El ballet de los ciegos no sería posible sin el uso de un sentido muy especial, el tacto, cuyos señales son captados por la piel - el órgano más grande del cuerpo humano - en la que encontramos al menos seis tipos de receptores especializados, capaces de reconocer y hacer la transducción de señales táctiles, de presión y de vibración. Esta modalidad sensorial es fundamental para el ser humano de diversas formas, y su importancia también fue demostrada por el estudio de Schifferstein (2005), que evaluó los principales sentidos involucrados en el reconocimiento e interacción con productos. Los resultados mostraron que la cantidad de información sobre un producto adquirida a través del tacto es equivalente a la adquirida por la visión, es decir, proporciona un gran número de detalles; además, los individuos demostraron relativa facilidad en el reconocimiento de un producto por el tacto, y tuvieron mayor seguridad en identificarlo de esta forma que cuando usaban solo el olfato o la audición.
El uso del tacto en la exploración del ambiente es algo instintivo, y puede verse desde el inicio de la vida en recién nacidos. Un estudio mostró que 16 horas después del nacimiento, el bebé ya es capaz de reconocer un objeto usando solo el tacto, incluso cuando se presenta desde un ángulo diferente. Diversos otros trabajos muestran que este sentido es esencial para el aprendizaje, ayudando a los niños a transformar ideas abstractas en experiencias concretas, por eso actividades táctiles durante la infancia, como jugar con bloques, ayudan en el desarrollo de habilidades matemáticas e incluso en la forma de pensar. La piel es de hecho un órgano muy especial, que permite que un simple juego de niño se convierta en algo serio y permite que personas desprovistas de visión capten el mundo de manera diferente. En nuestro próximo encuentro entenderemos por qué existen diferencias de sensibilidad táctil en las diferentes partes del cuerpo.
Referencias bibliográficas
Asociación de Ballet y Artes para ciegos Fernanda Bianchini: http://www.ciafernandabianchini.org.br/;