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Los sentidos y las tulipas

Los sentidos y las tulipas


Imagina si encontraras un ser que nunca hubiera visto, que no fuera capaz de sentir olores ni siquiera percibir estímulos táctiles, como toques o texturas; y a pesar de que no contara con estas facultades, recibieras la tarea de explicarle qué es un campo de tulipanes. ¿Cómo contarías sobre los colores vivos de las flores y de las hojas sin recurrir a la vista? ¿Cómo explicarías el perfume de los tulipanes y de la tierra mojada sin contar con el olfato? ¿Y cómo hablarías de la textura suave de los pétalos sin hacer uso del tacto? Difícil... Difícil explicar con palabras algo que necesita ser sentido para ser comprendido. Esa es la belleza de los sentidos, nos dan una comprensión peculiar del mundo.


 Desde pequeños aprendemos que el ser humano posee cinco sentidos: la vista, la audición, el olfato, el gusto y el tacto. Sin embargo, diversos autores muestran una clasificación más amplia, que (a pesar de las variaciones de nomenclatura atribuidas por cada uno de ellos) agrupa la vista, la audición, el olfato y el gusto en la clase de los sentidos especiales, ya que se trata de sensaciones bastante específicas; mientras que el tacto formaría parte de un conjunto destinado a proporcionar información sobre el cuerpo, componiendo la modalidad sensorial conocida como somestesia.


La somestesia es la responsable de la información sensorial de lo que ocurre en todo el cuerpo y se divide en varias submodalidades, entre las cuales las más importantes son: la propriocepción, que es la capacidad de distinguir la posición del cuerpo y sus partes; la termorrecepción, que nos proporciona información de frío y calor; el dolor, que identifica estímulos potenciales o reales que causan lesiones en nuestros tejidos; y el tacto, responsable de la percepción de las cosas que tocan nuestra piel. Este último, además de formar parte de nuestro día a día, tiene mucha relación con nuestras emociones, por eso volveremos a hablar de él con más detalles. En cambio, la termorrecepción y el dolor son esenciales para proteger al individuo de estímulos potencialmente lesivos, ¿y cuál sería la importancia de la propriocepción?


Para investigar cómo el tacto y la propriocepción participan en la discriminación de objetos, un estudio evaluó cómo participantes, que tenían los ojos vendados, hacían para distinguir un cilindro, una barra y un cubo desalineado (en diagonal) entre varios cubos alineados en un tablero. El resultado mostró que la información táctil por sí sola era suficiente para distinguir el cilindro entre los cubos; sin embargo, la información proprioceptiva resultó esencial para proporcionar información de altura y orientación del objeto, necesarias para detectar la barra y el cubo en diagonal. Esto muestra que, aunque a veces una única modalidad sensorial sea suficiente para el reconocimiento de productos, en general, usamos más de un sentido en esta interacción y, en ciertos casos, esta combinación es esencial.


“Algo terrible ha sucedido. No puedo sentir mi cuerpo. Me siento extraña – desencarnada.” Estas palabras, relatadas por Christina, una paciente que perdió la capacidad proprioceptiva tras una cirugía, nos dan una idea del impacto causado por la pérdida de esta función. Después de descubrir una forma de lidiar con la situación, aunque muy lejos de lo ideal, ella explica “Entonces lo que debo hacer es usar la vista, usar mis ojos en toda la situación en la que antes usaba la propriocepción. Ya he notado que puedo ‘perder’ mis brazos. Creo que están en un lugar y descubro que están en otro. La tal propriocepción es como los ojos del cuerpo, la forma en que el cuerpo se ve a sí mismo.”


Este ejemplo, además de mostrarnos la importancia de la propriocepción, también evidencia otra característica de los sentidos, que es la capacidad de compensar la pérdida de determinada función mediante una mayor utilización de otra que esté intacta, o en mejores condiciones. La experiencia nos muestra muchos casos de éxito en esta sustitución, por ejemplo, ¿ya has imaginado cómo sería enseñar ballet clásico a bailarinas ciegas? ¿Cómo harían para aprender los movimientos e imitarlos sin poder ver? Una profesora descubrió la respuesta a esta cuestión, apostando en el uso de otro sentido. ¿Cuál sería? Volveremos a este tema en la próxima publicación!


 


Referencias bibliográficas


Hall JE. Sensaciones somáticas: I. Organización general, las sensaciones de tacto y de posición corporal. En: Tratado de Fisiología Médica (Guyton, AC; Hall, JE). 2011; p. 603-614, editorial Elsevier;


Lent R. Los sentidos del cuerpo. En: Cien mil millones de neuronas – Conceptos fundamentales de neurociencia (Lent, R). 2004; p. 211-39, Editorial Atheneu;


Overvliet KE, Smeets JBJ, Brenner E. El uso de la propriocepción y la información táctil en la búsqueda háptica. Acta Psicológica. 2008;129(1):83-90;


Sacks OW. La mujer desencarnada. En: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Sacks, OW). 1997; p. 59-70, Companhia das Letras.