Cuando conversamos con un niño, no hay forma de no divertirse con sus respuestas; que al estar, muchas veces, basadas en una lógica frágil, se vuelven graciosas. Esto es tan natural (y hace que sean tan adorables), que muchas veces no pensamos en la ventaja adaptativa que esta característica puede representar. Y los adolescentes, audaces y aventureros, se involucran en actividades de riesgo y siempre buscan relaciones fuera del entorno familiar. Gracias a particularidades de estos períodos del desarrollo humano, los jóvenes se vuelven más aptos para aprender cosas nuevas, creando una ventana de oportunidad para su mejora.
Un estudio realizado en Estados Unidos tuvo éxito al diseñar una serie de sesiones de “entrenamiento de amistad” para niños impopulares. Los alumnos de tercer y cuarto grado que eran los menos queridos de sus clases recibieron seis sesiones sobre cómo “hacer que los juegos sean más divertidos”, siendo “un amigo divertido y genial”. Se estimulaba a los niños, por ejemplo, a pensar en sugerencias y acuerdos alternativos (en lugar de pelear), si estaban en desacuerdo con las reglas; decir algo amable cuando la otra persona lo hacía bien; sonreír y ofrecer ayuda o sugerencias de aliento. Como resultado, un año después de recibir el entrenamiento, los niños entrenados (todos elegidos por ser los menos queridos de sus aulas) tenían una vida social normal, y ninguno de ellos era rechazado. Estos programas presentan una tasa de éxito del 50 al 60 por ciento en el aumento de la popularidad de niños rechazados, y parecen funcionar mejor para alumnos de tercer y cuarto grado que para los de grados más altos.
Las estructuras cerebrales de los niños y adolescentes están en desarrollo, presentando diferencias anatómicas y funcionales. Por ejemplo, desde los cuatro hasta los 17 años de edad, hay un aumento progresivo en la densidad de la sustancia blanca cerebral, probablemente debido al aumento de la mielinización neuronal y del calibre de los axones (Paus et al, 1999). Además, ocurren cambios marcados en la tasa metabólica cerebral de los jóvenes (Kety, 1956), lo que refleja una mayor neuroplasticidad, es decir, sus circuitos neuronales son más fácilmente modificados (para recordar la importancia de este efecto, leer la publicación “La construcción de las redes neuronales”). La corteza prefrontal, una área cerebral importante para el juicio, la toma de decisiones y el control de las respuestas emocionales, es una de las últimas regiones en desarrollarse completamente, lo que explica el mayor comportamiento de riesgo y la impulsividad características de la adolescencia (de hecho, hay una limitación de la capacidad de inhibición motivacional). Estas características permiten que los jóvenes aprendan nuevos conceptos y conocimientos (sean buenos o malos) con más facilidad.
Desafortunadamente, esta maleabilidad neuronal no siempre se aprovecha de una manera positiva, como hemos visto anteriormente. Un estudio realizado en 2010, en 11 capitales brasileñas, mostró que más del 70% de los 4.025 encuestados fueron golpeados cuando eran niños, y que para el 20% de ellos, el castigo físico ocurrió de forma regular. El estudio fue divulgado en junio de este año por el Núcleo de Estudios de la Violencia (NEV) de la Universidad de São Paulo, y también reveló que las víctimas de violencia grave en la infancia están más sujetas a ser víctimas de violencia a lo largo de la vida. Según Nancy Cardia, vicecoordinadora del NEV, el niño comienza a entender que la violencia es una opción legítima y la usará, por ejemplo, cuando tenga un conflicto con compañeros de clase; pero al agredir, también puede sufrir agresión y convertirse en víctima, y esto crece de forma exponencial a lo largo de la vida.
Aunque este resultado me parece alarmante, mi objetivo aquí no es discutir la violencia, sino llamar la atención sobre las diferencias biológicas que hacen que los niños y adolescentes sean psicológicamente más susceptibles a las experiencias que los adultos, así como sobre las consecuencias de esto en la construcción de las redes neuronales, la formación de la memoria y la determinación del comportamiento. ¡Se puede hacer mucho bien si sabemos aprovechar estas diferencias positivamente! Todo esfuerzo es válido, y he visto muchas cosas en este sentido, por ejemplo, padres que se esfuerzan por convertir a sus hijos en personas de bien; así como escuelas que enseñan lecciones de ciudadanía y respeto al medio ambiente a los niños, y hacen que crezcan con esta conciencia. Nunca está de más recordar que los aprendizajes adquiridos en este período pueden acompañar al individuo a lo largo de toda su vida, y esto debe ser tenido en cuenta por todos aquellos que pretenden entender mejor el comportamiento humano.
Referencias bibliográficas
Foto: Rodrigo Rocco Razuk Maluf.
Asher S, Willians G. Helping children without friends in home and school contexts. Children’s social development: information for parents and teachers (Urbana y Champaign: University of Illinois Press, 1987);
Kety SS. Human cerebral blood flow and oxygen consumption as related to aging. Res Publ Assoc Res Nerv Ment Dis. 1956;35:31–45;
Paus T, Zijdenbos A, Worsley K, Collins DL, Blumenthal J, Giedd JN, Rapoport JL, Evans AC. Structural maturation of neural pathways in children and adolescents: in vivo study. Science. 1999;283:1908–11;
Spear LP. The adolescent brain and age-related behavioral manifestations. Neurosci Biobehav Ver. 2000;24:417-63;
Toledo K. http://agencia.fapesp.br/15812.