En nuestra conversación anterior, hablamos de que las experiencias contribuyen a formar la comprensión de lo que vivimos. La importancia de esta capacidad constructiva se hace evidente cuando vemos su influencia sobre nuestro comportamiento. Por ejemplo, en una situación en la que las personas pudieran elegir entre un alimento de sabor dulce o uno amargo, probablemente la mayoría elegiría el dulce, porque en general, los alimentos con ese sabor promueven una experiencia placentera; esta preferencia ocurre incluso en recién nacidos y puede ser medida por las expresiones faciales del bebé provocadas por cada uno de esos sabores (Steiner et al., 2001). Es importante recordar que la decisión del ser humano involucra diversos factores y no se limita solamente al placer generado; pues, usando este mismo ejemplo, podemos imaginar que algunas personas no optarían por el dulce por razones de salud, mientras que otras simplemente preferirían el sabor amargo. Pero la pregunta ahora es: ¿cómo pueden las experiencias determinar nuestro comportamiento?
La respuesta a esta cuestión está en las modificaciones generadas por el aprendizaje. A finales de la década de 60, Eric R. Kandel demostró que incluso los comportamientos más simples pueden ser modificados por el aprendizaje. Posteriormente, el científico descubrió que este aprendizaje estaba acompañado por alteraciones moleculares y en la fuerza de las sinapsis entre los neuronas que producían el comportamiento en cuestión, y constató que el entrenamiento repetido hacía que estas modificaciones se mantuvieran durante largos períodos, originando la memoria a largo plazo. Kandel observó que en el proceso de habituación (disminución de determinada respuesta tras la repetición de un estímulo específico) el número de conexiones pre-sinápticas entre los neuronas involucrados en la respuesta disminuía, mientras que en la sensibilización (aumento de una respuesta tras la repetición de determinado estímulo) ocurría lo opuesto, es decir, se formaban nuevas conexiones que persistían durante el período en que la memoria era conservada.
Hoy sabemos que las experiencias promueven neuroplasticidad, es decir, modificaciones neuronales adaptativas que fortalecen, debilitan o crean nuevas conexiones neuronales. Es por este motivo que el entrenamiento de una habilidad lleva al perfeccionamiento, por ejemplo, cuando ejecutamos una actividad por primera vez, como andar en bicicleta, en general no tenemos éxito porque aún no sabemos los movimientos correctos o no conocemos la velocidad y el equilibrio necesarios; sin embargo, cada vez que repetimos la tarea, fortalecemos la vía neuronal responsable de su ejecución y nos volvemos más hábiles. En conclusión, hemos visto que nuestro sistema nervioso es susceptible de sufrir modificaciones que se reflejan en nuestro comportamiento; y esta maleabilidad neuronal me hace reflexionar sobre cuáles serán las vías neuronales que estamos fortaleciendo en este momento. ¿Podrían los estímulos positivos ayudarnos a reforzar conexiones beneficiosas?
Referencias bibliográficas
Steiner JE, Glaser D, Hawilo ME, Berridge KC. Expresión comparativa del impacto hedónico: reacciones afectivas al gusto por infantes humanos y otros primates. Neuroscience and Biobehavioral Reviews. 2001; 25:53-74;
Kandel, ER. Incluso los comportamientos simples pueden ser modificados por el aprendizaje. En: En busca de la memoria – el nacimiento de una nueva ciencia de la mente (Kandel, ER). 2009; p. 211-231, Companhia das Letras.
Kandel, ER. Los fundamentos biológicos de la individualidad. En: En busca de la memoria – el nacimiento de una nueva ciencia de la mente (Kandel, ER). 2009; p. 211-231, Companhia das Letras.