La piel, el órgano más grande del cuerpo humano, se ve constantemente afectada por modificaciones intrínsecas y extrínsecas a lo largo de toda la vida del organismo. A lo largo de los años, el envejecimiento es un proceso natural, pero complejo, donde se observa un desequilibrio de la homeostasis de la epidermis, inflamación tisular, disfunción inmunológica además del fotoenvejecimiento. Está relacionado con modificaciones celulares y moleculares y puede ser acelerado por factores extrínsecos como radiaciones solares, causando daños visibles a la piel.
Histológicamente, el envejecimiento se caracteriza por la disminución de la densidad de melanocitos y células de Langerhans, por la pérdida de la capacidad proliferativa de queratinocitos y fibroblastos, además de la pérdida de la matriz extracelular y disminución de la síntesis de fibras colágenas, entre diversas otras alteraciones.
La piel desarrolla funciones importantes en nuestro organismo actuando en el control de la temperatura corporal además de funcionar como una barrera tanto de protección mecánica, como contra la entrada de microorganismos y sustancias nocivas.
Para el mantenimiento de la calidad de vida ya está clara la importancia de una alimentación saludable y balanceada previniendo enfermedades cardiovasculares, cánceres y disfunciones celulares. Recientemente también ha crecido la discusión sobre la importancia de algunos nutrientes como vitaminas C, E, D, carotenoides y ácidos grasos poliinsaturados para la protección de la piel contra daños causados por la exposición solar, además de prevenir la aparición de patologías. Estudios demuestran que las vitaminas y ácidos grasos poseen una importante actividad antioxidante (Vitamina E y ácido graso poliinsaturado), además de contribuir a la síntesis de colágeno y elastina (Vitamina C) ejerciendo un papel en el crecimiento celular y reparación tisular y proteger la piel de daños causados por los rayos UV (Vitamina A).
Estos nutrientes no se han mostrado eficaces solo en uso tópico, sino de una forma intrigante, presentaron asociaciones importantes cuando se ingirieron en los alimentos, actuando sistemáticamente.
En 2001, Purba y colaboradores fueron pioneros en un estudio transversal en el cual asociaron la ingesta de determinados alimentos al desarrollo de arrugas en ancianos de varias etnias. A pesar de las diferencias étnicas, del lugar y estilo de vida entre cada individuo que pueden influir en las características de la piel, un conjunto específico de alimentos puede ser correlacionado a la protección de la piel contra el envejecimiento: huevos, yogur, legumbres, vegetales (espinaca, berenjena, apio, cebolla), nueces, aceitunas, frutas secas, ciruelas, manzanas, peras, té y agua. Los villanos fueron: carne roja (procesada), refrescos y pasteles. Pero los autores dejan bien claro la necesidad de estudios futuros de intervención para verificar si el daño actínico puede ser prevenido por la ingesta de tales alimentos.
En 2007, se realizó un nuevo estudio, aislando variables (edad, sexo, exposición al sol, nivel de escolaridad, ingresos familiares, uso de suplementos, actividades físicas, menopausia e índice de masa corporal) que podrían afectar la apariencia de la piel. Sugerían que el mayor consumo de vitamina C y ácido linoleico (presentes en legumbres, verduras y nueces) está asociado a una menor prevalencia de una apariencia arrugada, sequedad senil y atrofia de la piel. Por otro lado, las grasas y carbohidratos están asociados con una mayor probabilidad de envejecimiento de la piel.
A pesar de ser un proceso inevitable, el envejecimiento puede darse de una forma saludable, no solo controlando la aparición de posibles enfermedades inherentes a la edad, sino asociando estrategias de prevención, donde la salud está en la cima de la prioridad. Vale la pena recordar que no debemos abandonar otros hábitos saludables como el uso de protector solar, muy por el contrario. Hasta el momento, es el modo más eficaz de protección directa contra la exposición a los rayos ultravioletas UVA y UVB. Pero, ¿por qué no dar una ayudita y mantener un estilo de vida saludable con una alimentación balanceada rica en legumbres, frutas, pescados y aceite?
Referencias Bibliográficas
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Purba MB, Kouris-Blazos A, Wattanapenpaiboon N, Lukito W, Rothenberg EM, Steen
BC, Wahlqvist ML. Skin wrinkling: can food make a difference? J Am Coll Nutr.
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Cosgrove MC, Franco OH, Granger SP, Murray PG, Mayes AE. Dietary nutrient intakes and skin-aging appearance among middle-aged American women. Am J Clin Nutr. 2007 Oct;86(4):1225-31.