Las sensaciones olfativas provocadas por la utilización de perfumes pueden variar de individuo a individuo. Las mujeres lo saben muy bien. Nadie compra un perfume solo basándose en la fragancia desprendida del frasco o exhalada por otra persona sin antes probarlo en su propia piel. Las explicaciones para estas diversidades de comportamientos son de gran interés para la industria de fragancias y sus perfumistas preocupados por formulaciones que puedan atender al consumidor de la mejor manera posible.
La aceptación de un cosmético por parte del consumidor está fuertemente influenciada por su fragancia. Ante esto, existe una gran preocupación por parte de la industria en ofrecer productos estables, con características organolépticas inalteradas a lo largo del tiempo de almacenamiento y de utilización.
Aunque los insumos utilizados en estos productos deben presentar propiedades toxicológicas conocidas, muchos de ellos pueden sufrir degradación en contacto con aire, luz y calor, o aún, a través del metabolismo cutáneo, dando origen a sustancias que pueden alterar su olor e incluso causar algún tipo de reacción alérgica. En los cosméticos, las fragancias son las principales causantes de alergias.
A pesar de esta constatación, pocos son los relatos divulgados sobre la degradación química de insumos de fragancias en contacto con la piel y ninguno de ellos toma en cuenta la composición microbiana cutánea, llamada genéricamente microbiota de la piel. Se estima que existen en el cuerpo humano aproximadamente 100 millones de células de micro-organismos.
En este contexto, investigaciones que consideren posibles reacciones de degradación de estos insumos provocadas por la microbiota de la piel humana pueden aportar información valiosa para la evaluación de la toxicidad, estabilidad y aceptabilidad de productos cosméticos en general y de los perfumes en particular.
Se sabe, también, que factores ambientales como temperatura, humedad y exposición a la luz, además de los ligados al hospedador, como género, genotipo, estado inmune y uso de cosméticos, pueden afectar la composición y la distribución microbiana de la piel. Incontables investigadores consideran además que la microbiota desempeña un papel importante en el sistema inmune de la piel.
Sin embargo, se conoce poco sobre los conjuntos de especies presentes en muestras cutáneas y sus actividades enzimáticas, importantes porque las enzimas constituyen catalizadores biológicos que tienen un papel esencial en el metabolismo humano y, particularmente en la piel, son imprescindibles en los procesos de absorción y eliminación de componentes.
Ante este panorama, la química Carla Porto da Silva, que trabaja desde hace aproximadamente siete años como investigadora en una gran empresa de perfumes y cosméticos, desarrolló un estudio con el objetivo de determinar el potencial enzimático de la microbiota de la piel humana.
Ella vinculó este potencial a las principales reacciones de degradación de formulaciones de cosméticos, más específicamente, a una selección de insumos de fragancias, los cuales forman parte de un conjunto de cuatro a cinco mil sustancias naturales, como aceites esenciales y también compuestos sintéticos, presentes y mimetizados de la naturaleza.
Al darse cuenta de que uno de los grandes problemas de los perfumistas era desarrollar fragancias para todos los públicos y al enfrentarse a la falta de estudios sobre los procesos bioquímicos que pueden alterar los componentes de las fragancias en contacto con la piel, se propuso responder a dos grandes preguntas: ¿por qué las fragancias pueden manifestar efectos diversos en personas con diferentes tipos de piel y cuáles son los mecanismos que llevan a tales comportamientos?
Para saber más, accede a la noticia completa en el enlace: http://www.unicamp.br/unicamp/ju/530/questao-de-pele?language=pt-br