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Sentidos, diseño y experiencias

Sentidos, diseño y experiencias


Las experiencias definen la forma en que vemos el mundo, y cada una de las pequeñas situaciones con las que nos enfrentamos diariamente contribuye a formar nuestra comprensión sobre lo que nos rodea y a determinar nuestro comportamiento. Un buen sabor puede representar simplemente un paladar agradable, pero si a él están vinculados recuerdos afectivos, como una receta familiar o un viaje inolvidable, ese sabor pasa a representar mucho más que meramente el paladar. De esta forma, cada persona tiene un entendimiento subjetivo acerca de las experiencias que vive, lo que la hace única y capaz de sentir e interpretar los estímulos ambientales a su manera.


Esta comprensión particular de las cosas hace que el valor atribuido a un objeto deje de ser determinado exclusivamente por el aspecto material y pase a depender de su capacidad de despertar sensaciones positivas. Por ejemplo, recibir un regalo simple, pero con una gran carga afectiva, genera sensaciones positivas y hace que algo aparentemente sin importancia se convierta en insustituible. Sin embargo, si cada individuo interpreta el mundo según experiencias particulares, ¿qué hace que determinados objetos sean valorados y apreciados por un número considerable de personas en detrimento de otros similares?


Para entender esta cuestión, es necesario tener en cuenta que la forma más directa de comunicación de una empresa con el consumidor es a través de su producto final. Cuando adquirimos algo, queremos recibir de vuelta la inversión que hemos hecho, intercambiando nuestro trabajo por algo de igual importancia, y cuando el objeto adquirido tiene calidad y satisface nuestras necesidades, obtenemos el retorno que esperábamos y sentimos satisfacción. Paralelamente, la vinculación de un producto a iniciativas socioambientales también promueve su valorización; es decir, si compramos algo de una empresa que realiza proyectos de preservación del medio ambiente o de fomento al desarrollo de la sociedad, sabemos que indirectamente estamos contribuyendo con esas acciones.


Por último, otra característica que ha ganado cada vez más fuerza en esta comunicación con el consumidor es el diseño, no solo por la estética, sino por el concepto que trae. Todos los tipos de arte están hechos con el mismo material; por ejemplo, los cuadros se producen con pintura sobre lienzo, las músicas con acordes, los poemas con palabras, pero nos sentimos tocados solamente ante aquel cuadro, música o poema que es realmente bello; y esa es la intención del diseño: llevar algo más a las personas, ser una experiencia positiva.


Así, la satisfacción generada por el conjunto de estas características (calidad, iniciativas socioambientales y diseño) es la principal responsable de permitir que personas diferentes aprecien determinado objeto de manera similar, a pesar de las particularidades de cada individuo. Vimos, entonces, que nuestras experiencias son responsables de la interpretación que damos a lo que vivimos, y para entender mejor los mecanismos detrás de este efecto, en nuestro próximo encuentro comenzaremos a hablar sobre una de nuestras capacidades más fascinantes, el aprendizaje, y veremos de qué forma se relaciona con nuestras experiencias.


 


Referencias bibliográficas


Pessoa, L. ¿Cómo dirigen la emoción y la motivación el control ejecutivo? Trends in Cognitive Sciences. 2009; 13(4):160-6.


Kandel, ER. La experiencia modifica las sinapsis. En: En busca de la memoria – el nacimiento de una nueva ciencia de la mente (Kandel, ER). 2009; p. 211-231, Companhia das Letras.