Si le preguntamos a una persona si se siente bien, seguramente no tendrá dudas para responder si "sí o no", después de todo, todos sabemos cuándo estamos bien, o cuándo algo nos incomoda... pero si le pedimos a esa persona que defina qué es sentirse bien, seguramente la respuesta no será tan inmediata. Después de todo, ¿qué es "bienestar"?
Para evaluar "el estado de estar y sentirse bien" necesitamos, inicialmente, evaluar la salud del individuo. Y, al pensar en salud, necesariamente somos llevados a considerar factores relacionados con el ser humano que muchas veces son ignorados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como "un estado de completo bienestar físico, mental y social, que no consiste únicamente en la ausencia de enfermedad o dolencia".
Al elaborar el instrumento de evaluación de la calidad de vida (WHOQOL-100), la OMS definió "calidad de vida" como "la percepción del individuo de su posición en la vida en el contexto de la cultura y el sistema de valores en los que vive y en relación con sus objetivos, expectativas, estándares y preocupaciones"1. Con esta definición, la OMS puso de relieve la importancia del contexto cultural para el bienestar.
Investigaciones recientes presentan la importancia del cultivo de la práctica espiritual para la curación de pacientes que sufren de dolores crónicos2. Esto nos hace prestar atención a la necesidad de alimentar la dimensión espiritual cuando queremos sentirnos completamente bien.
En este contexto, reunimos entonces las diferentes dimensiones del ser humano que deben ser igualmente alimentadas y cultivadas para alcanzar el pleno estado de salud y bienestar. Son ellas: dimensión física, mental, social, cultural y espiritual.
La prisa del día a día, los estándares de belleza impuestos por los medios, la búsqueda incesante por el "tener" en detrimento del "ser" nos ha impedido alimentar, con equilibrio, estas diferentes dimensiones, y vivir en armonía con nuestro propio Yo y con las personas que nos rodean.
La dimensión física debe ser alimentada de forma cuidadosa, ya que nuestro cuerpo es nuestro instrumento de vida. La alimentación equilibrada, la práctica de actividad física, el sueño regular y la práctica de rituales de cuidado del cuerpo son fundamentales para el bienestar físico.
Es interesante observar que la práctica de rituales de cuidado del cuerpo, como un automasaje, por ejemplo, lleva necesariamente a un relajamiento de la mente. Con la mente libre de preocupaciones, somos más propensos a pensar de forma positiva, lo que favorece la dimensión mental. Aquí tenemos un ejemplo de correlación entre lo físico y lo mental.
En el campo de la Psicología, el surgimiento actual de la Psicología Positiva refuerza la importancia del estudio sobre el bienestar subjetivo, presentando las emociones positivas como fundamentales para la felicidad. Martin Seligman, autor de contribuciones significativas en esta área, afirma que las personas felices tienen más amigos y participan en más actividades en grupo3. En este caso, tenemos un ejemplo de correlación entre las dimensiones cultural y social.
Las dimensiones están, por lo tanto, interconectadas. Claro, son solo diferentes ángulos, diferentes aspectos, de un mismo Yo.
Medicinas y filosofías milenarias y tradicionales, como la china y la india, ya retratan la importancia del equilibrio entre las diferentes dimensiones del hombre para alcanzar el estado de salud y felicidad plena, y recomiendan la práctica de rituales de acercamiento con su Yo interior para, de esta forma, ampliar su estado de conciencia y vivir la integralidad con el Todo.
La ciencia espiritual Antroposófica, fundada por Rudolf Steiner a principios del siglo XX y fuertemente practicada en la actualidad, también presenta estos diferentes aspectos del ser y la necesidad de ampliar la conciencia para integrarse con su propio Yo.
Al alimentar y equilibrar estas dimensiones, seguramente el hombre alcanzaría un estado de plenitud que le permitiría reconectarse con su esencia. Y, al reconectarse con su esencia, necesariamente tendría su conciencia expandida. La conciencia expandida llevaría al hombre a percibirse como parte del Todo.
¿Sería, entonces, posible afirmar que solo encuentra la verdadera felicidad, el bienestar real, aquel que reconoce su verdadera esencia y se percibe como parte del Todo?
Ampliación de conciencia, Yo interior, integración con el Todo son expresiones que se presentan comunes cuando profundizamos en la búsqueda del conocimiento que genera el bienestar.
¿Qué es, al fin y al cabo, estar bien? ¿Es lo mismo que sentirse bien? ¿Tener calidad de vida significa disfrutar de salud y bienestar? Estando bien, sintiéndose bien, ¿el hombre tiene calidad de vida? ¿Teniendo calidad de vida es feliz? ¿Qué es la felicidad?
Ser feliz, tener salud, estar bien... el bienestar, estado buscado ávidamente por la humanidad desde los inicios. Esto es confirmado por la propia Biblia, que en el Antiguo Testamento menciona numerosas veces el término "Shalom", que describe la percepción hebrea de salud total. "Shalom" proviene de la palabra raíz "Salam", que significa "estar-bien", "estar completo", "sano" y "salvo"4.
Los conceptos se interrelacionan, se superponen. Filósofos y científicos buscan medios para nombrar, caracterizar estados del ser, pero solo el propio ser, aunque no sea capaz de definir, es capaz de entender lo que siente y, entendiendo lo que siente, puede apoderarse de su propia vida y buscar elementos para vivirla en plenitud.
¡Shalom!
Sugerencias de lectura
Fleck, M. P. A. El instrumento de evaluación de calidad de vida de la Organización Mundial de la Salud (WHOQOL-100): características y perspectivas. Ciencia & Salud Colectiva, 5(1):33-38, 2000;
Peres, M.F.P. et al. La importancia de la integración de la espiritualidad y de la
religiosidad en el manejo del dolor y los cuidados paliativos. Rev. Psiq. Clín. 34, supl 1; 82-87, 2007;
PSICOLOGÍA POSITIVA Y BIENESTAR SUBJETIVO. Estudios de Psicología. Campinas I 24(4) I 513-517. Octubre - diciembre 2007;