Además de la función protectora, la piel, el órgano más grande del cuerpo humano, puede considerarse un ecosistema complejo, compuesto por una vasta diversidad de microorganismos distribuidos entre los diferentes nichos que la componen. Estos organismos pueden ser bacterias, hongos, virus y ácaros simbiontes, que pueden ayudarnos a protegernos contra organismos patogénicos. Y, como en cualquier otro ecosistema, el desequilibrio puede llevar a la aparición de enfermedades e infecciones.
La piel de los mamíferos contiene apéndices como glándulas sebáceas, sudoríparas y folículos pilosos, que poseen su propia microbiota. Por ejemplo, las bacterias que habitan las glándulas sudoríparas son responsables del olor característico cuando sudamos. Además, la piel también puede dividirse en regiones, de acuerdo con la anatomía y fisiología del cuerpo, siendo que para cada región existen diferentes tipos de microorganismos. Los microorganismos simbiontes pueden ser uno de los mayores aliados de la salud humana, permitiendo un mayor entendimiento de la interacción con el huésped y su relación con la aparición de enfermedades.
Mucho de lo que se sabe actualmente sobre la microbiota de la piel ha sido posible a través de métodos de cultivo de estos microorganismos. De manera que lo que se conocía hasta entonces estaba restringido a lo que se podía cultivar, dejando de lado toda una diversidad que no crecía en laboratorio. Sin embargo, con el avance de la tecnología, métodos basados en secuenciación a gran escala han revelado una diversidad mucho mayor de microorganismos presentes en la piel de lo que se había visto con los métodos tradicionales.
Un estudio publicado en 2009 en la revista Science muestra precisamente el potencial de la secuenciación a gran escala. Se utilizaron muestras de 20 regiones diferentes de la piel de 10 pacientes sanos. El análisis por secuenciación del gen de la subunidad menor 16S del ARN ribosomal (ARNr) mostró que las bacterias presentes en nuestra piel pertenecen principalmente a cuatro filos diferentes: Actinobacteria, Firmicutes, Bacteroidetes y Proteobacteria; y que la distribución de miembros de estos cuatro grupos ocurre de acuerdo con la región y fisiología de la piel. Regiones diferentes contienen composiciones distintas de los cuatro grupos.
El análisis por metagenómica ha revelado, por ejemplo, que especies de bacterias Staphylococcus y Corynebacterium spp son las principales colonizadoras de regiones húmedas de la piel (como la planta del pie). En regiones más secas y con mayor cantidad de glándulas sebáceas (como la piel de la cara, del pecho y de la espalda), aumenta la presencia de la bacteria lipofílica Propionibacterium spp. Las áreas secas son las más diversas, con representantes de los cuatro filos.
Otros factores también pueden influir en la diversidad de la microbiota de la piel. El estilo de vida de un individuo (alimentación o tipo de ropa) así como la edad, sexo y lugar de residencia pueden influir en la variabilidad de los microorganismos presentes. De hecho, un bebé cuando está en el útero de su madre se encuentra en un ambiente estéril y durante el parto la piel del recién nacido es colonizada por los microorganismos presentes en el canal vaginal o de la piel de la madre (en el caso de cesárea). Ya en la pubertad, el microbioma de la piel puede ser ampliamente alterado por el aumento de bacterias lipofílicas, que se proliferan gracias a la mayor producción de sebo en la superficie de la piel, causada por la alteración de las hormonas sexuales características de esta fase.
El uso de antibióticos, y otros factores, también causan alteraciones en la microbiota. Agentes de uso continuo como jabones, cremas, productos de higiene personal y cosméticos también tienen una gran responsabilidad en la alteración de esta microbiota. Sin embargo, hasta el momento, ningún estudio ha verificado el cambio de este ecosistema en la presencia de enfermedades en detalles moleculares.
En Estados Unidos, en 2007, el NIH (Institutos Nacionales de Salud) inició un proyecto denominado Microbioma Humano Proyecto (Proyecto del Microbioma Humano), con inversiones de aproximadamente $140 millones de dólares por 5 años, que tiene como objetivo caracterizar la microbiota de varias partes del cuerpo humano, como fosas nasales, cavidades orales, piel, tracto gastrointestinal y urogenital, e investigar su relación con la salud humana.
Este tipo de iniciativa, y la utilización de técnicas moleculares modernas y análisis por metagenómica pueden ser de gran utilidad para el desarrollo de nuevos productos y medicamentos, que pueden ayudar en la cura de enfermedades así como en la mejora de la calidad de vida y bienestar de los seres humanos. Quizás, en algunos años, tengamos productos cosméticos diseñados no solo para ciertos tipos de piel, sino también planeados para favorecer microorganismos simbiontes, de la misma forma que consumimos alimentos probióticos actualmente.
Referencias:
Grice EA y Segre JA. El microbioma de la piel. Nature Reviews Microbiology 9, 244-253 (2011).
Grice EA et al. Diversidad topográfica y temporal del microbioma de la piel humana. Science 324, 1190–1192 (2009).